Guarda tus flores para otro difunto,
que éste ya no las aspira.
Recoge tus pensamientos para otra vida,
que esta presente tocó partida.
Quédate la albacea
de esta finca desierta
que no supiste regar
y hoy de lágrimas anegas.
Para entonces, mis dedos tendrán costras, serán borrones de otras manchas, y habrán entumecido. Mis huesos difícilmente podrán articular el algoritmo que desencadene la reacción de tu piel.
Pues entonces, de qué me sirve el avance que no es sentirte, ni la carne insensible sobre la piel que ya no existe.
...Para qué repetirme que todo pasa, que todo llega, si cuando llega ya no me sirve.